Espacio dedicado a estudiantes con inquetudes artísticas
Si deseas mostrar tu trabajo, comunícate con nosotros en la sección de Contacto o con tu profesor
Trabajos en pintura
Expresiones musicales
Danza
Fotografías
Cómic
Poesía
Cuento
Video
 
Envíanos tus trabajos

Simón Ovando Ex alumno del colegio

Innata vanidad

Pocas mañanas me levantaba con la sensación de estar en un lugar conocido, rodeado de objetos y situaciones palpables, tiernamente comprensibles y más aún… incuestionables (no tenía razones para un por qué). Pero había veces en que definitivamente todo era así (mis esperanzas de aire, respiros eternamente distantes y seductores) y… ¡qué manera de gozar! De esto les contaré:

No se trataba de un decir “ah, esto es así, no queda otra”, no, era cosa de los pies, de las manos y la cabeza que no paraba de dar vueltas de un lado a otro sin intenciones de negarse pues no había precepto moral que le dijera – al oído – que dicho acto fuera malo, no, todo era porque sí, pues, era así ¿o no? Había entrado a ser sin conciencia ¿pero, cómo recuerdo esto? Da igual, no hay que olvidar que el cuerpo también tiene hojas en su piel y más de un lápiz entra en movimiento mientras experimentamos en la vida…

Con miramientos colmados de un vacío sobre el abstracto yo que trataba de posarse en sí mismo (¿cómo? ¿espejos a esta hora?) me hacía presente donde en otras ocasiones – las más – sólo podía estar ausente (sin negar mi permanencia física en este mundo – aún estaba vivo). Así es, de sabor agridulce se hacía notar esta manifestación de la conciencia propiamente humana (“la humana”) que pretendía asomarse otro día más aterrando al animal que alguna vez se deprimió y ahora puede hablar. Las plantas se vuelven hacia abajo cuando no han conocido mucho al sol (algunas son muy tímidas), tal vez han dejado escrito algo en la tierra, quién sabe, al menos nosotros no, nunca hemos hablado en “plantense”.

Pero este intento de la naturaleza humana de opacar este sentimiento de reencuentro con lo natural (la naturaleza humana siempre tiende a ser anti-natural) fue fallido, no por más de un día ¡pero falló! Y falló porque no podía ser (no era una posibilidad), ya lo dije, el aire era respirable, podía ir hacia allá si lo deseaba o saltar en medio de un tumulto de gente pareciendo un voluptuoso ridículo perdido entre las miradas ajenas. Mas mis actos eran un baile, una confirmación de mi ser en este mundo.

De esta forma señalo mi parecer ante la innata vanidad humana: tú, serpiente “cascabélica” de frecuencias sedantes, amiga de la incertidumbre, del porqué y del saber hablado, del lenguaje que “nos hace grandes ante el reino vegetal y animal”, del ser poseedores de las medidas de las cosas, tú, reposa en mí, aquí perteneces, pero no trates de tambalear de un lado a otro tus artefactos complacientes y conquistadores, no soy tu presa, mas un aliado puedes ser mientras te mantengas en tu lugar y no pretendas – con tus sentidos ilusorios – guiar mis pasos, que sólo ellos mismos, cruzando abismos y pantanos, paisajes encantadores y mares que abren senderos en medio su agitado contexto, harán lo que deban hacer ¡qué así sea!

 

“Una rápida historia”

Génesis: Mucho tiempo hacía que no se sentía sincero ¿cuánto sin sonreír? No lo sé, dudo que él mismo lo supiera, pero era algo irrelevante, ningún dato cognoscible hubiese podido excitar sus sentidos, sólo quería ser parte de ello. ¿Pero por qué ahora estaba así? ¿De dónde el origen de tal sinceridad? En aquel momento, cual soledad compartida y miradas de aprobación en armonía, se encontró a si mismo saltando ¡qué bello recuerdo! ¿No es esta una plaza de movimientos infantiles, inocentes y despreocupados?

Demofobia: El falso movimiento del pie, la conciencia que niega lo destinado ¿es que acaso no podía oponerse? En medio de una turba amistosa - pero turba a fin de cuentas - se hallaba observado; en realidad nadie le miraba, eran sus ojos que, posados en la lejanía insostenible de la carne ajena (aunque esta pretendiese un estrechón de manos), veíanse acechados en todo momento ¡por ellos mismos!

La luz del juego añorado se conservaba en las cercanías, “era de ahí”, pero el entorno lo aplastaba. No podía mirarle como un mundo aparte, la necesitaba aislada para ser con ella, para encandilar su vista o finalmente enceguecer y no poder mirar más hacia “afuera”.

Relojes egoístas: No todo funciona en un mismo tiempo. No hay márgenes para desatar la apasionada armonía de la comprensión, la comprensión sonriente. No hay velocidades predeterminadas. Ya lo sabrán, él lo supo, aunque tal vez un poco tarde...

¿Tarde? ¿Para qué? ¡Que los pasos frustrados en nuestro camino sean como migajas que fortalezcan nuestro sentido de la orientación, que hagan de marca!

 
© 2007 Colegio Alcántara de los Altos de Peñalolén